Marketing Mobiliario │ Liderazgo Mobiliario │ Las 21 Leyes Irrefutables del Liderazgo │ La Ley de la Victoria

ALGUNA VEZ HA PENSADO  en aquello que diferencia a los  líderes que alcanzan la victoria de los que sufren la derrota?  ¿Qué se  necesita para ser un ganador?  Es difícil distinguir la cualidad que diferencia a un ganador de un  perdedor. Cada situación de liderazgo es distinta. Cada crisis tiene sus propios retos. Sin embargo, creo que los líderes victoriosos tienen en común la incapacidad  de aceptar la derrota. Para ellos es totalmente inaceptable otra cosa que no sea ganar; por eso averiguan lo que debe hacerse para alcanzar la victoria, y van tras ella con  todo lo que esté a su alcance.

Soy aficionado a la Guerra Civil, y estaba  leyendo un viejo libro que me  recordó la importancia de la Ley de la Victoria. Hablaba de las diferencias entre los presidentes de  la Unión y de los Estados Confederados: Abraham Lincoln y Jefferson Davis. He hablado bastante de Abraham  Lincoln en  Las  21 leyes irrefutables del liderazgo  porque este presidente fue un líder sumamente extraordinario. Nunca olvidó que  la victoria de la nación era su mayor prioridad, por encima  de  su orgullo, reputación, y bienestar personal. Se rodeó de los mejores líderes que pudo encontrar, otorgó poderes a sus generales, y nunca tuvo miedo de dar el mérito a otros por  las victorias que la Unión alcanzó. Por ejemplo, después de la victoria del general Grant en Vicksburg, Lincoln le envió una nota en la que decía: “Nunca creí otra cosa, excepto la esperanza general de que usted sabía qué hacer mejor que yo… Ahora deseo reconocer personalmente que usted tenía razón y que yo estaba equivocado”.

Por otra parte, parece que para Jefferson Davis, la victoria nunca fue una prioridad. Cuando tenía que haber estado pensando como  un revolucionario, estaba trabajando como un burócrata. Cuando debió haber estado delegando autoridad y la toma  de decisiones a sus generales —los mejores del país— pasó  todo el tiempo dominándolos. Lo peor de todo era que le preocupaba más tener la razón que ganar la guerra.  El  historiador David M. Porter dice lo siguiente de  Davis:  “Gastaba gran parte de sus energías en argumentos conflictivos,  y aun litigiosos, para probar que tenía razón. Todo  parece indicar que pensaba que el tener la razón era suficiente;  que era más importante  vindicar su propia rectitud que obtener resultados”. Davis violaba la Ley de  la Victoria, y como consecuencia, su gente sufrió una derrota devastadora.

ESTOS LÍDERES PERSEGUIAN LA VICTORIA

Las crisis parecen sacar a flote lo mejor —y lo  peor— de los líderes. Durante la Segunda Guerra Mundial, dos líderes sobresalientes que  aplicaban la Ley de la Victoria emergieron en los países aliados: El primer ministro británico Winston Churchill y el presidente de los Estados Unidos Franklin  Roosevelt. Ellos evitaron que Adolfo  Hitler destruyera a Europa y volviera a levantarla según su propia visión.

En su lado del océano Atlántico, Winston  Churchill inspiró al pueblo británico a ofrecer resistencia a Hitler. Mucho antes de  convertirse en el primer ministro en 1940, Churchill se pronunció contra los nazis.  En 1932 parecía el crítico solitario cuando advirtió: “No se engañen… no crean que todo lo  que Alemania está pidiendo es un estado de igualdad… Los alemanes están buscando  armas, y cuando las tengan, créanme  que pedirán el retomo  de los territorios  y las colonias que han perdido”. Churchill siguió pronunciándose contra los nazis. Y cuando Hitler anexó  a Austria en 1938, Churchill dijo a los miembros de la Cámara de los Comunes:

Por cinco años  he hablado  a la Cámara  acerca de estos asuntos— con muy  poco  buen éxito. He visto que esta isla ha ido descendiendo incontinentemente e irreflexivamente la escalera que lleva a un pozo muy  oscuro… Ahora es tiempo de despertar a la nación. Tal vez esta sea la última vez  que podremos despertarla  y tener la oportunidad  de evitar la guerra, o la oportunidad de  alcanzar la victoria si fracasa nuestro esfuerzo por evitar la guerra.

Infortunadamente, el primer ministro Neville  Chamberlain y los otros líderes de Gran Bretaña no opusieron resistencia a Hitler. Y casi toda Europa  cayó bajo el poder de los nazis.

A mediados del decenio de los cuarenta, la  mayor parte de Europa estaba bajo el dominio de Alemania. Pero entonces sucedió  algo que pudo haber cambiado la historia del mundo libre. Winston Churchill asumió el liderazgo de Inglaterra. Se negó a doblegarse ante las amenazas de los nazis. Por más de un año.  Gran Bretaña fue la única que se atrevió a hacer frente a la amenaza de la  invasión alemana. Cuando Hitler indicó que quería hacer un pacto con Inglaterra,  Churchill lo  desafió. Cuando Alemania comenzó a bombardear a Inglaterra, los  británicos  permanecieron firmes. Mientras tanto, Churchill buscaba la manera de  obtener la victoria.

CHURCHILL NO IBA A ACEPTAR NADA MENOS

Cada cierto tiempo, Churchill reunía al pueblo británico. Comenzó con  su primer discurso después de convertirse en primer ministro:

Tenemos ante nosotros una situación muy difícil, de lo  más penosa. Ante nosotros hay muchos,  muchos meses de lucha  y  sufrimiento. ¿Quieren saber cuál es nuestra  política? Yo les diré: Es hacer guerra por mar, tierra y  aire, con toda nuestra fuerza y  con todo el poder que Dios pueda darnos:  Hacer guerra contra un  tirano  monstruoso, nunca eclipsado en la oscuridad, catálogo lamentable del  crimen humano. Esa es nuestra política. ¿Quieren saber cual es nuestra  meta?  Respondo con una sola palabra: La victoria —victoria a toda costa, victoria a pesar de todo el terror,  victoria, aunque el camino sea largo y  duro; porque sin  victoria no hay  supervivencia.

Mientras tanto, Churchill hizo todo lo que estuvo a su  alcance para prevalecer. Desplegó tropas contra las fuerzas de Mussolini  en el Mediterráneo.  Aunque aborrecía el comunismo, se alió con Stalin y los soviéticos y les envió ayuda, aun cuando las provisiones de Gran Bretaña eran amenazadas  y su  supervivencia pendía de un hilo. Entonces entabló relaciones personales con Franklin Roosevelt. Aunque el presidente de los Estados Unidos se negaba a entrar en la  guerra, Churchill siguió  su relación con él con la esperanza de transformar la misma, de  una amistad y respeto mutuo, a una alianza de guerra con pleno derecho. Con  el tiempo sus esfuerzos dieron resultado. Un día los japoneses bombardearon Pearl Harbor, lo cual  empujó a los Estados Unidos a la guerra, y Churchill se dijo a sí mismo: “De  modo que hemos ganado después de todo”. 

OTRO LÍDER DEDICADO A LA VICTORIA

Antes de diciembre de 1941, Franklin Roosevelt había estado aplicando la Ley de la Victoria durante décadas. De hecho, este fue el  sello de toda su vida. Había encontrado la forma de alcanzar la victoria política mientras le ganaba a la poliomielitis. Cuando fue elegido presidente y se hizo responsable de  sacar al pueblo norteamericano de la Gran Depresión, esta era otra situación imposible  que aprendió a atacar. Y luchó. Durante los años treinta, el país se  recuperaba lentamente. 

Cuando los nazis estaban batallando en Europa, el peligro era grande. El historiador Arthur Schlesinger Jr., ganador del Premio  Pulitzer, comentó: “Durante la Segunda Guerra Mundial, la democracia estaba combatiendo por su vida. En 1941, sólo quedaba más o menos una docena de estados democráticos en la tierra. Pero un gran liderazgo surgió a tiempo para recobrar  la causa democrática”. El equipo de Roosevelt y Churchill proveyó del liderazgo necesario, como un puñetazo  directo. Así como  el primer ministro había convocado a Inglaterra, el presidente  reunió al pueblo norteamericano y lo unió en una causa común como  hasta entonces nadie lo  había hecho, ni lo ha hecho hasta ahora.

Para esos dos líderes, la victoria era la  única opción. Si hubieran aceptado  otra cosa, el mundo sería hoy un lugar muy diferente. Schlesinger dice: “Observe nuestro mundo de hoy. Es manifiesto que no  es el mundo de Adolfo Hitler. Su Reich de mil años tuvo una duración breve y sangrienta de doce años. Es  manifiesto que tampoco es el mundo de Joseph Stalin. Ese mundo espantoso se autodestruyó ante nuestros ojos. Tampoco es el mundo de Winston Churchill… El mundo en  que vivimos es el mundo de Franklin Roosevelt”.3  Sin Churchill e Inglaterra, toda Europa hubiera caído. Sin Roosevelt y los Estados Unidos, tal vez nunca se  habría recuperado la libertad. Pero ni siquiera Adolfo Hitler y su ejército del Tercer Reich pudieron permanecer contra dos líderes dedicados  a la Ley de la Victoria.

LOS GRANDES LÍDERES ENCUENTRAN LA FORMA DE GANAR

En momentos de presión, los grandes líderes  dan lo mejor de sí. Lo que hay dentro de ellos sale a flote y funciona a favor o en contra de ellos. Hace  unos años, Nelson Mandela fue elegido presidente de  Sudáfrica. Fue una victoria grandiosa  para el pueblo de ese país, pero esta tomó largo tiempo. El camino a esa  victoria fue empedrado  con veintiséis años de la propia vida de Mandela, quien fue puesto en prisión. Mientras  tanto, hacía todo lo necesario para dar un paso más hacia la victoria. Se unió al Congreso Nacional Africano, el cual fue declarado una organización ilegal. Organizó protestas  pacíficas. En secreto viajó al exterior para tratar  de obtener apoyo. Cuando fue necesario, fue a juicio, y aceptó con dignidad y valentía la sentencia de prisión. Cuando llegó el momento apropiado, negoció cambios en el gobierno con F.  W.  de  Klerk. Mandela se ha esforzado por alcanzar una victoria duradera que cause sanidad al país. Se describe a sí  mismo como  “un hombre ordinario que se ha convertido en líder  debido a circunstancias extraordinarias”.  Yo digo que es un líder que llegó a ser extraordinario por  la fuerza de su carácter y su dedicación a la Ley de la Victoria.

PUEDE VERLO TODOS LOS DIAS

Fácilmente se  puede ver la Ley de la Victoria en acción en las competencias deportivas. En otras áreas de la vida, los líderes hacen tras  bastidores la mayor parte de su trabajo,  y usted nunca llega a verlo. Pero en un juego de pelota se puede  ver al líder mientras trabaja para alcanzar la victoria, Cuando suena el timbre final o se registra el último out, usted sabe bien quién ganó y por qué. Los juegos  tienen  resultados inmediatos que pueden medirse.         

Cuando quiero ver la Ley de la Victoria  en acción, voy a un juego a observar a alguien como  Michael Jordan. Este es un atleta extraordinario, pero también es un líder excepcional. Vive y respira cada día la Ley  de la Victoria. Cuando el juego está en peligro, Jordan encuentra la forma de que su  equipo gane. Su biógrafo, Mitchell Krugel, dice que la tenacidad y la pasión de Jordan por la victoria  son evidentes en todos los aspectos de su vida. La aplica aun en las prácticas  de  los Bulls.  Krugel explica:

En las prácticas de los Bulls, los iniciadores eran conocidos como  el equipo  blanco. Los otros cinco usaban uniforme  rojo. Desde el primer día, Loughery  [antiguo  director de los Bulls]  ponía a Jordan a jugar con el  equipo  blanco. Con Jordan  y  [su compañero de equipo]  Woolridge, el equipo blanco fácilmente iba a  la cabeza con puntuaciones de 8–1  ó 7–4 en juegos  de 11 puntos. El perdedor  de  estos juegos tenía que correr “sprints” extra después de la práctica. Más  o menos en ese  momento de la práctica, Loughery cambiaba a Jordan al equipo rojo. Y con más frecuencia que perdiendo el equipo rojo  terminaba ganando”.

Al principio de su desempeño como  jugador  profesional, Jordan dependía mucho de su talento y esfuerzo personales para ganar los juegos. Pero comforme  maduraba, fue prestando más atención a ser un líder y ayudar  a todo el equipo a jugar mejor. Jordan piensa que mucha gente ha pasado esto por alto. Una vez dijo: “Eso es lo que todo el mundo mira cuando yo no participo en uno de los juegos. ¿Podrán ganar sin mí?…  ¿Por qué nadie pregunta por qué, o qué contribución hago yo que hace la diferencia?  Apuesto que nadie diría que al equipo  le hizo falta mi  liderazgo o mi  capacidad de mejorar a mis compañeros”. Sin embargo, eso es exactamente lo  que hace Jordan. Los líderes siempre encuentran una forma de que el equipo gane.

Una vez Michael Jordan hizo  un comercial para Nike en el que refería algunos de sus fracasos: “He fallado más de nueve mil tiros en  mi  desempeño profesional, he perdido más de trescientos juegos. Veintiséis  veces he  tomado el tiro ganador y lo  he fallado”.  Leí una entrevista que se hizo a Jordan poco después de que el comercial saliera al aire por primera vez, y el reportero le preguntaba si  realmente había fallado esa cantidad de tiros. La respuesta de Jordan fue reveladora: “No tengo  idea”. La gente puede sentirse decepcionada por ese comentario, pero este ofrece una idea más clara de la personalidad del atleta. Michael Jordan no está meditando en  sus errores pasados. Lo importante para él es lo que puede hacer en  el momento  para llevar su equipo a la victoria.

NO IMPORTA QUÉ “JUEGO” ESTEN JUGANDO

En la actualidad hay muchos grandes atletas en  el juego de baloncesto. Pero no siempre el juego individual llamativo conduce a la victoria. Mas que nada, lo que se necesita es liderazgo. Los más grandes jugadores del pasado tenían más que talento individual, aunque definitivamente esto estaba presente. Por ejemplo, un jugador como  Bill Russell, centro de Boston, medía su juego por la ayuda  que daba a todo el equipo para que éste jugara mejor. Y el resultado fue la cantidad  extraordinaria de once títulos de la NBA [National Basketball Association-Asociación Nacional de  Baloncesto]. El guarda de los Lakers, Magic Johnson, que fue escogido tres veces como  el jugador más valioso de la NBA y ganó 5 campeonatos, era un anotador sobresaliente, pero su contribución principal fue su capacidad de dirigir el equipo y poner  la bola en manos de sus compañeros. Larry Bird, quien hacía que las cosas sucedieran en  los  Celtics de Boston en el decenio de los ochenta, es extraordinario porque fue ejemplo  de la Ley de la Victoria, no sólo como jugador, sino  también posteriormente como  director de los Pacers de  Indiana. Cuando estaba jugando en Boston, fue nombrado el novato del año, fue elegido tres veces jugador más valioso, y llevó a su equipo a 3 campeonatos de la NBA. En su primer año con los Pacers, fue nombrado director  del año después  de dirigir a su equipo al mejor porcentaje de juegos ganados en la  historia de la franquicia.

Los buenos líderes encuentran la forma de que  sus equipos ganen. Esa es la Ley de la Victoria. El deporte en sí no es lo importante. Michael Jordan, Magic Johnson, y Larry Bird lo hicieron en la NBA. John Elway lo  hizo en el fútbol americano, llevando a su equipo a más victorias en el último cuarto del juego que ningún otro quarterback en la historia de la NFL  [National Football League-Liga. Nacional de Fútbol Americano]. Pelé lo hizo en el balompié, ganando un número  sin precedentes de 3 Copas Mundiales para Brasil. Los líderes encuentran la forma de que sus equipos tengan buen éxito.

TRES COMPONENTES DE LA VICTORIA

Sea que observe un equipo deportivo, un ejército, una empresa, o una organización no lucrativa, la victoria es posible siempre  que tenga los siguientes tres componentes.

1. UNIDAD DE VISIÓN Los equipos sólo alcanzan buen éxito cuando  los jugadores tienen una visión unificada, independientemente de cuánto talento o potencial haya. Un equipo no gana el campeonato si los jugadores tienen planes diferentes. Esto  se  aplica al deporte profesional. Es cierto en los negocios y en las iglesias. Aprendí esta lección en la escuela secundaria cuando cursaba el penúltimo año y formaba parte del equipo de baloncesto. Teníamos un grupo de jóvenes muy talentosos y habíamos sido seleccionados para jugar en  el campeonato estatal. Pero teníamos un problema. Los estudiantes del último año y los del penúltimo se negaban a jugar juntos. La situación se volvió tan difícil, que al final el director tuvo que dividimos en dos equipos diferentes para los juegos. El  equipo obtuvo pésimos  resultados. ¿Por qué?  No compartíamos una misma visión.

2. DIVERSIDAD DE DESTREZAS Casi no hay ni que decir qué el equipo  necesita diversidad de  destrezas. ¿Puede imaginar un equipo de hockey únicamente de goleadores?  ¿O un equipo de fútbol americano de quarterbacks [jugadores de defensa]? No tiene  sentido. En la misma forma, para tener buen éxito, las organizaciones necesitan diversos  talentos, en los que cada jugador cumple con su parte.

3. UN LÍDER DEDICADO A LA  VICTORIA Y A EXPLOTAR EL POTENCIAL DE LOS JUGADORES Es cierto que es importante tener jugadores  con diversas destrezas. Como  dice Lou Holtz, antiguo director del equipo de  fútbol norteamericano de Notre Dame: “Usted debe tener grandes atletas para ganar, no importa quién sea el director. No se  puede ganar sin buenos atletas, pero se puede perder  con ellos.  Es allí donde el director  hace la diferencia”. En otras palabras, también se necesita del liderazgo para obtener la victoria. La unidad en la visión no sucede eso es, no ocurre, no es espontánea. Los jugadores indicados con la adecuada diversidad de  talentos  no llegan por cuenta propia. Se  necesita que un líder haga estas cosas, se necesita que un líder imparta  la motivación, los poderes, y la dirección necesarios para ganar.

LA LEY DE LA VICTORIA ES SU NEGOCIO

Una de las historias de buen éxito más notables que he escuchado es la de Southwest Airlines y Herb Kelleher, a quien mencioné en  el capítulo de la Ley de la Conexión. Su historia es un ejemplo admirable de la Ley de la Victoria  en acción. Hoy Southwest se ve como  una fuente de energía con todo a su favor. Domina el mercado de las rutas en las que vuela. La  compañía se halla en una curva  de crecimiento estable, y sus acciones se desenvuelven muy bien. De hecho, es la única  línea de servicio aéreo que ha obtenido ganancias todos los años desde 1973. A los  empleados les encanta trabajar allí. La rotación de los mismos es  muy baja, y se considera que la compañía tiene  la fuerza laboral más productiva en la industria. Es  sumamente popular entre los clientes; consecuentemente Southwest tiene  una posición superior en lo  que respecta al servicio  al cliente.

Al ver la posición actual de Southwest, usted no sospecharía que su inicio no fue nada fácil. El hecho de que la compañía exista hoy es  un testamento a la Ley de la Victoria. La aerolínea fue iniciada en  1967 por Rolling King, propietario de un servicio de transporte aéreo en Texas; John Parker, un banquero;  y Herb Kelleher, un abogado. Pero les tomó cuatro años despegar su primer avión. Apenas la compañía obtuvo la personería jurídica, Braniff, Trans Texas, y Continental Airlines  trataron de sacarla del mercado. Por poco lo hacen. Hubo varios litigios, y un hombre,  más que ningún otro, libró esta batalla personalmente: Herb Kelleher. Cuando  el capital inicial se agotó, y parecía que habían sido derrotados, la junta directiva quiso rendirse. Sin embargo, Kelleher dijo: “Peleemos con ellos un asalto más. Yo seguiré representando a la compañía en el tribunal, pospondré todos los honorarios legales y pagaré de mi  propio bolsillo hasta el último centavo de los costos legales”. Cuando el caso llegó al Tribunal Supremo de Justicia de Texas, estos hombres ganaron y pudieron poner  a volar su primer avión.

Cuando las cosas comenzaron a marchar, la Southwest contrató al experimentado líder de aerolíneas Lamar Muse como  su nuevo jefe  principal. El, a su vez, empleó a los mejores ejecutivos que pudo encontrar. Otras  aerolíneas seguían tratando de sacarlos del mercado, pero Kelleher y Muse siguieron peleando —en el tribunal y en el mercado. Cuando tuvieron problemas para que sus aviones pudieran volar desde Houston, y hacia Houston, la Southwest comenzó  a volar al Aeropuerto Hobby de Houston, que era mucho más accesible a los pasajeros debido a su cercanía al centro de  la ciudad. Cuando todas las aerolíneas principales se mudaron al nuevo aeropuerto Dallas-Fort Worth, Southwest siguió volando al conveniente Love Field. Cuando la compañía tuvo que vender 1 de sus 4 aviones para sobrevivir,  los ejecutivos idearon la forma de que sus aviones no permanecieran en tierra por más de 10 minutos  entre los vuelos. Así la Southwest podía mantener sus rutas y sus horarios. Y cuando no pudieron idear ninguna otra forma de llenar sus aviones, fueron los primeros en ofrecer precios de temporada alta y temporada baja, lo cual ofrecía a los  viajeros que iban en viaje de placer un enorme  alivio en el costo de pasajes aéreos. 

A través de todo esto, Kelleher siguió peleando y ayudó a mantener con vida a Southwest. En 1978, siete años después de haber ayudado a la compañía a poner en el aire su primera pequeña flota, se convirtió en el  presidente de la junta directiva y jefe principal. Hoy sigue luchando y encuentra formas de que la compañía gane. Y mire el buen éxito de la misma:

Southwest Airlines de 1971 a 1997

Tamaño de la flota: 4 a 262
Empleados al final del año: 195 a 23.974
Clientes transportados: 108.000 a 50.339.960
Ciudades servidas: 3 a 51
Total de vuelos: 6051 a 786.288
Capital de los accionistas: $3.3 millones a $2.000 millones
Total de bienes disponibles: $22 millones a $4.200 millones 

La vicepresidente administrativa de Southwest, Colleen Barrett, lo resume  así: “La mentalidad de guerreros, la lucha misma por  sobrevivir, es lo  que verdaderamente creó nuestra cultura”. Kelleher y Southwest no sólo tienen el deseo de sobrevivir, sino también de ganar. Los líderes que aplican la  Ley de la Victoria creen que cualquier cosa que no sea el buen éxito es inaceptable.  No tienen un plan B, o segundo plan. Eso los mantiene luchando.

¿Cuál es su nivel de expectativa en lo  referente al buen éxito de su organización? ¿Cuánta dedicación tiene a ganar  su “juego”?  ¿Tendrá en su esquina la Ley de la Victoria mientras pelea, o cuando esta se vuelva difícil va a tirar la toalla?  Su respuesta a esta pregunta puede determinar si tendrá  buen éxito o si fracasará como  líder.

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