Marketing Mobiliario │ Liderazgo Mobiliario │ Las 21 Leyes Irrefutables del Liderazgo │ La Ley de E. F. Hutton

LOS LÍDERES JÓVENES Y SIN EXPERIENCIA  por lo general entran con toda confianza a una sala llena de gente para luego descubrir que  han juzgado mal la dinámica de liderazgo de la situación. ¡Eso me  ha pasado a mí! Pero cuando  me  sucedió, la mayor parte de  las veces al poco tiempo reconocí mi  error. Ese fue el  caso cuando presidí mi  primera reunión de la junta directiva como  líder joven. Ocurrió en la  primera iglesia que dirigí en el área rural de Indiana, exactamente después de haberme  graduado de la universidad a la edad de veintidós años. Apenas tenía un mes de estar en  la iglesia, y estaba dirigiendo a un grupo de personas cuya edad promedio era de cincuenta años. La mayoría  de las personas que estaban en la reunión llevaban más tiempo en esa iglesia que yo de vivir.

Fui a esa reunión sin ideas preconcebidas, sin orden del día —y sin la menor clave. Pensé que como  era el líder asignado todos  me  seguirían. Con toda la sabiduría y el conocimiento de mis dos  decenios de  experiencia  en la vida, inicié la reunión y pregunté si alguien tenia un asunto del cual hablar.

Hubo una pausa breve mientras miré a todos  en la mesa, y entonces un hombre de unos sesenta años llamado Claude aclaró su voz y dijo: “Yo tengo algo”.
“Hable usted, Claude”, dije yo.
“Bueno”, dijo él, “últimamente, cuando se  toca el piano durante  los cultos, percibo que está desafinado”.
“Yo he percibo lo mismo”, dijo  otro miembro de la directiva.
“Presento la moción de que llamemos a un afinador de pianos de Louisville para que se encargue del problema”, dijo Claude.
“Oye, esa es una gran idea”, comenzó a decir todo  el mundo en la mesa.
“Yo secundo la moción”, dijo Benny, el miembro de la directiva que estaba sentado al lado de Claude.
“Qué bueno”, dije yo. “¿Alguien más tiene algo que decir?”
“Sí”, dijo Claude, “el otro día noté que uno de  los vidrios en uno de los salones de la escuela dominical está quebrado. Tengo en la  granja un pedazo de vidrio que quedaría bien allí. Benny, tú eres muy buen vidriero. ¿Por qué no colocas el vidrio?”
“Seguro, Claude”, dijo Benny, “lo haré con mucho gusto”.
“Bien, hay una cosa más”, dijo Claude. “El  picnic de este año. Estaba pensando que tal vez debemos hacerlo en el lago. Creo que sería bueno para los niños”.
“Oh, eso sería perfecto, ¡Qué buena  idea!” comenzó a decir todo el mundo. “Hagámoslo oficial”, dijo Benny.

Todos asintieron con la cabeza y esperamos  para ver si Claude  tenía algo más que decir.

“Eso es todo”, dijo Claude.  “Pastor, ¿por qué no cierra con una oración?” Y eso fue lo que hice. Ese fue casi todo el contenido de mi  primera reunión de la junta directiva. Y también fue el día en que supe  quién era el verdadero líder en  esa iglesia. Yo ocupaba el cargo, pero Claude tenía el poder. Fue así  como  descubrí la Ley de E. F. Hutton.

Es probable que usted haya oído de E.  F. Hutton, la compañía de servicios financieros. Hace años, su lema  era: “Cuando E. F. Hutton habla, la gente escucha”. Tal vez usted recuerda sus antiguos anuncios comerciales de  televisión. Típicamente, el escenario era un restaurante concurrido u otro  lugar público. Dos personas estaban hablando de asuntos financieros, y la primera persona repetía  algo que su corredor de  bolsa había dicho respecto a cierta inversión. La segunda persona  decía: “Bueno, mi  corredor de bolsa es E. F. Hutton, y E. F. Hutton dice…” En ese momento cada persona en el bullicioso restaurante paraba en seco, volvía el rostro, y escuchaba lo  que el hombre iba a decir. Por eso llamo a esta verdad del liderazgo la Ley de E. F. Hutton. Porque cuando el verdadero líder habla, la gente escucha.

¿QUE PUEDO HACER?

Después de mi  primera reunión  de la junta directiva, tuve  que determinar cómo  iba a manejar la situación en mi  iglesia. Tenía varias opciones. Por ejemplo, pude haber insistido en mi  derecho de estar a cargo. A través de los años he visto a muchos líderes por posición  hacer eso. Dicen a su gente algo así: “¡Oigan, esperen! Yo soy el líder. Se supone que ustedes deben seguirme”. Pero eso no funciona. Las personas tal vez se muestren educadas con usted, pero no lo seguirán realmente. Es similar a algo que la antigua primer ministro Margaret Thatcher dijo  una vez: “Ser líder es como ser una dama. Si tiene que decirlo, entonces no lo es”.

Otra opción hubiese sido tratar  de sacar a Claude del liderazgo. Pero ¿cómo cree usted que hubiera resultado esto?  El  tenía más del doble de mi  edad, había vivido en esa área toda su vida, y era respetado por todos en la  comunidad. Era miembro de esa iglesia desde antes de que yo llegara al lugar, y todo  el  mundo sabía que él iba a permanecer allí mucho después de que yo me  fuera. 

Escogí la tercera opción.  Cuando se acercaba  el tiempo de la siguiente reunión de la directiva, yo  tenía una lista de cosas que sabía que era necesario hacer en la iglesia. De modo que una semana antes de la reunión programada, llamé a Claude para ver si podía ir a su granja y pasar algún tiempo con él. Y mientras hacíamos la labores juntos a lo largo del día, él y yo conversamos.

“Claude”, le dije, “sabe, he notado que la puerta frontal de la iglesia está  agrietada y se está descascarillando. Causaría muy mala impresión a cualquier persona que visitara la iglesia por primera vez. ¿Cree que  podemos hacer algo al respecto?”
“Seguro”, dijo Claude, “no hay problema”.
Continué: “El otro día bajé al sótano. ¿Sabía  usted que hay agua allí?  Cielos, hay ranas que brincan, renacuajos que nadan, y cangrejos de río que caminan por todas partes. ¿Qué cree que debemos hacer?”
“Bueno, John”, dijo Claude, “creo que debemos tener un día de trabajo y limpiar todo el sótano”. 
“Esa es una idea excelente”, dije yo. “¿Puede sacar este tema  a colación en nuestra siguiente reunión de  la directiva?”
“Claro que sí”.
“Hay otra cosa que ha estado preocupándome”, seguí yo. “Ahora mismo sólo tenemos tres salones en el edificio además del auditorio. Uno se usa como  depósito de un montón de chatarra. Los otros dos son  para la escuela dominical, pero  una de esas clases tiene demasiados niños y se está abarrotando”.
“No diga nada más”, dijo Claude. “También limpiaremos ese salón”.
“Oh, eso sería fantástico.  Gracias, Claude”.
En la próxima  reunión de la directiva, cuando pregunté si había asuntos nuevos de que tratar, Claude dijo: “¿Saben?, creo que es hora de que tengamos un día de trabajo en esta iglesia”.
“Esa es una gran idea”, comenzaron a decir todos en la mesa.
“Lo tendremos una semana después del sábado”, dijo Claude. Voy a traer mi  camión, y Benny, trae el tuyo también. Vamos a pintar,  limpiar el sótano, y sacar la chatarra del salón de depósito. Lo necesitamos para una clase de escuela dominical”. Entonces miró a uno de los miembros de la junta y dijo: “Y  hermana Maxine, usted será la maestra”. “Yo secundo eso”, dijo Benny; y eso fue todo.

A partir de  ese momento, si yo deseaba hacer algo  en la iglesia, sólo iba a la granja y hacía algunas labores con Claude. Siempre podía  contar con él para  que pusiera sobre el tapete las cosas, y cuando  Claude hablaba, la gente escuchaba.

LOS OJOS LO DICEN

Cuando aprenda la Ley de E. F. Hutton, no tendrá dificultad para descubrir quién es el verdadero líder en casi todas las situaciones. Por ejemplo,  vaya a la reunión de un grupo de personas que no conozca y obsérvelas durante  5 minutos. Sabrá quién es el líder. Cuando alguien hace una pregunta ¿a  quién mira  la gente?  ¿A  quién esperan escuchar?  La persona a la que miran es el verdadero líder.

Haga la prueba. La próxima  vez que esté  en una reunión, observe alrededor de usted. Mire si nota la diferencia entre estos dos tipos de líderes:

Lideres por Posición
*Lideres Verdaderos
Hablan primero
*Hablan después
Necesitan la  influencia del verdadero líder para que las cosas se hagan
*Sólo necesitan su propia influencia  para que las cosas se hagan
Sólo influyen a los otros líderes por posición Influyen en todos en la sala

Si nota una disparidad entre  la persona que dirige la  reunión  y la persona que dirige a la  gente, la persona que dirige la reunión no es el verdadero líder.

Nunca he sido el verdadero líder en ningún trabajo al comienzo, excepto en las compañías que he fundado. Cuando acepté esa primera posición en Hillham,  Indiana, Claude era el líder. En mi  segunda iglesia en Ohio, el verdadero líder era un hombre llamado Jim. Y cuando fui a Skyline en San Diego, el personal seguía primero a Steve, no a mí. De modo que si usted está comenzando  en un nuevo puesto y no es  el líder, no deje que eso le moleste. La verdadera prueba  de liderazgo no es dónde comienza sino dónde termina.

¿PODRÍA PONERSE DE PIE EL VERDADERO LÍDER?

Hace muchos años, había un juego llamado  To Tell  the Truth  [Decir la verdad]. Funcionaba en la siguiente forma. Al comienzo del espectáculo, había 3 concursantes que decían ser la misma persona. Uno de ellos estaba diciendo la verdad; los otros dos eran “actores”. Había un panel de jueces compuesto  por celebridades. Estos jueces se turnaban para hacer preguntas a las 3 personas, y cuando se terminaba el tiempo, cada panelista adivinaba cuál de las 3 personas estaba diciendo la verdad. Muchas veces los actores fanfarroneaban tan bien que engañaban a los panelistas y al público.

Cuando se trata de identificar a un líder,  la tarea puede ser mucho más fácil —si recuerda qué cosas está buscando. No escuche  las afirmaciones de la persona que profesa ser el líder. En vez de eso, observe las reacciones de la gente alrededor que rodea a esa persona. La prueba del liderazgo  se  encuentra en los seguidores.

Piense en las reacciones que obtienen ciertas personas cuando hablan. Cuando Alan Greenspan habla ante el Congreso, todo el mundo escucha. Cuando se prepara a hacer una declaración sobre tasas de préstamos, toda la comunidad financiera deja de hacer lo que está haciendo. Es algo muy parecido a los antiguos comerciales de E. F. Hutton. Cuando Martin Luther King Jr. estaba vivo, obtuvo un  respeto increíble. No importaba dónde ni cuándo hablara, la gente —blancos y negros— escuchaba. Hoy Billy Graham  recibe un respeto muy similar debido a su integridad incuestionable y a toda una vida de servicio. Por casi cincuenta años, los líderes mundiales  han prestado atención a su consejo. Cada presidente de los Estados Unidos desde Harry  Truman ha buscado su liderazgo y su sabio consejo.

La Ley de E. F. Hutton se revela a sí  misma casi en todo tipo de situación. Leí una historia acerca del antiguo  jugador de la NBA [National Basketball AssociationAsociación Nacional de Básketbol] Larry Bird que ilustra esto  muy bien. En los segundos finales de un  juego muy intenso, el director  de los  Celtios de  Bostón, K. C. Jones, pidió una interrupción. Reunió a los jugadores a un lado de la cancha, diagramó  una jugada,  y Larry Bird dijo: “Pásenme  la bola a mí  y quiten a todo el mundo de mi  camino”. Jones respondió: “Yo soy el director, ¡y yo  decido las jugadas!” Entonces se volvió a los otros jugadores y dijo: “Pasen la  bola a Larry y quítense de su camino”.  Esto solamente muestra que cuando el verdadero líder habla, la gente escucha.

LAS PERSONAS SE CONVIERTEN EN VERDADEROS LÍDERES POR…

¿Cómo los líderes llegan a ser los verdaderos  líderes en sus grupos?  Como  expliqué en el capítulo de la Ley del Proceso, el liderazgo no se desarrolla en un día. Tampoco el reconocimiento de una persona como  líder. Con el transcurso del tiempo, 7 áreas clave que se revelan en la vida del líder son las que lo ayudan a avanzar como  tal:

1. CARÁCTER—QUIENES SON El verdadero liderazgo siempre comienza con la  persona interior. Por eso es que alguien como  Billy Graham  puede atraer más y más seguidores con el paso  del tiempo. La gente puede percibir la profundidad de su carácter.

2. RELACIONES—A QUIENES CONOCEN Usted sólo es líder si tiene seguidores, y eso  siempre requiere el desarrollo de  relaciones —mientras más profundas sean las relaciones, más fuerte es el potencial para el liderazgo. Cada vez que yo comenzaba en un nuevo puesto de liderazgo, comenzaba a entablar relaciones inmediatamente. Entable suficientes  buenas relaciones con la gente adecuada, y usted puede llegar a ser el verdadero líder en una organización.

3. CONOCIMIENTO—LO QUE SABEN La información es vital para un líder. Usted necesita comprender  los hechos, saber los factores envueltos, y tener una visión para el  futuro. El mero conocimiento no hará líder a nadie, pero no se puede ser  líder sin el mismo. Siempre pasaba mucho tiempo estudiando antes de tratar de dirigir una organización.

4. INTUICIÓN—LO QUE SIENTEN El liderazgo exige más que un simple dominio de datos. Demanda la capacidad de manejar muchas cosas intangibles (como explico  en el capítulo de la Ley de la Intuición).

5. EXPERIENCIA—DONDE HAN ESTADO Cuanto más grandes hayan sido los retos que  ha enfrentado en el pasado, tanto más probabilidad habrá de que los seguidores le den una oportunidad. La experiencia no garantiza la credibilidad, pero  motiva a las personas a darle una oportunidad de probar que es capaz.

6. ÉXITOS PASADOS—LO QUE HAN HECHO Nada convence mejor a los seguidores que un  buen historial. Cuando fui a dirigir mi primera iglesia, no tenía historial. No podía señalar buenos éxitos  pasados que hicieran que la gente creyera en mí. Pero cuando fui  a mi  segunda iglesia, ya  tenía unos cuantos. Cada vez que me  esforzaba, corría un riesgo,  y tenía buen éxito, los seguidores tenían otra razón de confiar en mi  capacidad de líder—y escuchar lo que yo tenía que decir.

7. CAPACIDAD—LO QUE PUEDEN HACER Lo básico para los seguidores es lo que el  líder sea capaz de hacer. Esa es la razón principal de que la gente lo  escuchará y lo reconocerá como  su líder. Tan pronto dejen de creer que usted puede rendir, dejarán de escucharlo.

CUANDO ELLA HABLABA…

Cuando usted domina la Ley de E. F. Hutton, usted se da cuenta de que la gente escucha lo que alguien tiene que decir, no necesariamente por la verdad que está siendo comunicada en el mensaje,  sino por respeto al orador.

Recordé esto nuevamente cuando leí algo acerca de la Madre Teresa. La mayoría de las personas la imaginan como  una mujer pequeña y frágil, dedicada a servir a los pobres. Y eso era. Pero también era una verdadera  líder. Lucinda Vardey, que trabajó con la Madre Teresa  en el libro  The Simple Path  [El camino sencillo], describía a la monja como “la quintaesencia, empresaria dinámica, que había percibido una necesidad y había hecho algo al respecto, que contra  viento y marea había levantado una organización, formulado la constitución de la misma, y establecido sucursales en todo el mundo”.

La organización fundada y dirigida por la Madre Teresa se  llama Misioneras de la Caridad. Mientras otras órdenes vocacionales de  la iglesia católica decaían, la de ella creció rápidamente, hasta tener más de cuatro  mil miembros durante toda su vida (sin incluir la gran cantidad de voluntarios). Durante su dirección, sus seguidores sirvieron en veinticinco países en 5 continentes. Sólo  en Calcuta estableció un hogar para niños, un centro para personas con lepra, un hogar para personas moribundas y desvalidas, y un hogar para gente que sufre de tuberculosis o de  trastornos mentales. Este complejo tipo de organización sólo puede ser creado por un verdadero líder.La autora y antigua escritora de discursos presidenciales,  Peggy Noonan, escribió  acerca de un  discurso que dio la Madre Teresa en el Desayuno Nacional  de Oración en 1994. Noonan dijo:

La clase dirigente de Washington estaba allí, más unos cuantos cristianos nacidos de nuevo, católicos ortodoxos, y  judíos. La  Madre Teresa habló de Dios, de amor,  de la familia. Dijo  que debemos  amamos unos a otros  y  preocupamos unos por otros.  Muchos mostraron estar de acuerdo. Pero cuando  el discurso continuó, se volvió  más  crítico. Habló de padres infelices en los asilos de ancianos que están “heridos  porque han  sido olvidados”.  Ella preguntó: “¿Estamos dispuestos a dar hasta que nos cueste a fin  de estar con nuestras familias, o ponemos primero nuestros propios intereses?” Las personas  entre cuarenta  y  cincuenta  años  de edad que estaban en el auditorio comenzaron a  moverse en sus asientos. Y la  madre  continuó. “Creo que hoy  el  mayor destructor de la paz es el aborto”, dijo ella, y les explicó por qué en términos intransigentes. Por unos 1,  3 segundos  hubo silencio,  luego los aplausos barrieron la sala. Pero no todos  aplaudieron;  el presidente y la primera dama, el vicepresidente y  su  esposa parecían estatuas de cera del  museo Madame  Tussaud sin mover un solo músculo. Pero la Madre Teresa tampoco se detuvo allí. Cuando  hubo terminado, casi todos los concurrentes habían sido ofendidos.

Si casi cualquier otra persona del mundo hubiese hecho esas declaraciones, las reacciones del público hubieran sido  abiertamente hostiles. La  gente habría abucheado, insultado, o salido de la sala intempestivamente. Pero la oradora era la Madre Teresa. Probablemente era la persona más respetada del mundo en ese tiempo. De modo que todos escuchaban lo que ella tenía que decir, aunque  muchos estuviesen en completo desacuerdo con lo que decía. De hecho, cada vez que la  Madre Teresa hablaba, la gente escuchaba. ¿Por qué?  Ella era una verdadera líder, y cuando el verdadero líder habla, la gente escucha.

Ahora le pregunto lo siguiente: ¿Cómo  reacciona la gente cuando usted comunica? Cuando usted habla, ¿la gente  escucha —quiero decir, escucha  realmente? O  espera escuchar a otra persona antes de actuar? Usted puede descubrir mucho acerca de su nivel de liderazgo si tiene el valor de hacerse esta  pregunta y responderla.  Ese es el poder de la Ley de E. F. Hutton.

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